<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940</id><updated>2012-02-16T17:59:34.359-08:00</updated><title type='text'>Alquimia, Quimera y otras historias sobre la muerte</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>11</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-6817327206702164793</id><published>2010-06-07T14:16:00.000-07:00</published><updated>2010-06-07T14:35:49.309-07:00</updated><title type='text'>Epílogo</title><content type='html'>&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1jGxF-GHI/AAAAAAAAAKU/A2w-tUo9AZ4/s1600/cabecera.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;Alquimista:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu que hoy estás convocado para transformar las almas de los hombres, detente a comprobar el equipaje que llevas en tu talega de artefactos. Lleva a bien, un almirez donde mezclar los ingredientes de la pócima. Estudia arduamente para encontrar la formula perfecta y transmutar así el cobre en oro. Cuídate de no olvidar el mortero con el cual mezclarás, y si es menester, triturarás todos aquellos ingredientes que a tus manos lleguen. Así y solo así, serás capaz de convertir las almas, de encontrar la bondad donde no parece existir y de convertir a los hombres en luces del firmamento de nuestras noches mágicas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prepara tu capa, que no debe ser pesada ya que muchos caminos andarás con ella a cuestas. Tampoco debe ser muy fina, porque el viento y el frío te atacarán muchas veces en tu recorrido y a buen recaudo, deberás proteger con ella y con tu propio cuerpo, si fuese preciso, a quienes a tu encuentro lleguen desorientados por el largo camino de la muerte humana. Acompaña tu equipaje con una calabaza de agua cristalina, ni tu ni quienes a ti lleguen tendréis sed, pero es cristalina como el agua el alma que debe salir de tus manos tras el encuentro y el líquido vital te servirá como contraste para decantar los malos espíritus de tus andares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dejes de tener en cuenta las palabras de los sabios. Cree, y a fe te digo, que solo debes creer en aquellos designios que el tiempo y el destino pongan en tus manos. Tu conocimiento te servirá para discernir cuando hacerles caso. Si toda esta sabiduría milenaria fallase, si te perdieses en el bosque donde el llanto no se siente, donde el susurro del viento se difumina en un manto de oscuridad, a la verdad te digo, que debes olvidar todo aquello que aprendiste, lanzar lejos el almirez y escuchar atentamente el sonido de tu corazón. Cuando vagues perdido en mundo de las dudas y la fe no sea suficiente para entender el gran designio escrito en el firmamento, recuerda que en el interior de ti habita el más grandioso de los dones. El amor no miente ni engaña, pero no olvides que humanos y divinos somos ciegos ante su grandeza. Si todo esto falla, cierra los ojos y ama, como si nunca hubieses amado, como si nunca jamás ningún alma hubiese herido la tuya. Siente plenamente la corriente eléctrica que traspasará tu cuerpo, abriendo en canal sin sangre ni llanto, todo tu ser convirtiéndote en estrella fulgurante como el oro, cuando antes solo eras un trozo de cobre. El alquimista también debe transmutarse para cumplir su tarea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si todo esto ocurre, no dejes de contármelo, pues yo eternamente estaré esperando saber como continua la historia que comencé a escribir el día de mi muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;Samuel.&lt;br /&gt;El Alquimista.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1iERGbxOI/AAAAAAAAAKM/z0k5MgSo4Aw/s1600/EPILOGO.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5480144147029148898" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1iERGbxOI/AAAAAAAAAKM/z0k5MgSo4Aw/s320/EPILOGO.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-6817327206702164793?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/6817327206702164793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/06/epilogo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/6817327206702164793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/6817327206702164793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/06/epilogo.html' title='Epílogo'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1iERGbxOI/AAAAAAAAAKM/z0k5MgSo4Aw/s72-c/EPILOGO.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-2265586121501402080</id><published>2010-06-07T13:08:00.000-07:00</published><updated>2010-06-07T13:45:41.488-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo X)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1SU2QRaqI/AAAAAAAAAJ8/OnbxlyrJs9c/s1600/cementerio-2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5480126839694387874" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1SU2QRaqI/AAAAAAAAAJ8/OnbxlyrJs9c/s320/cementerio-2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Hay tantas razones para estar muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enumerar cada uno de los pensamientos que me atropellaron tras aquel beso, sería una tarea imposible de conseguir. Durante mi estadía en el hospital, alcancé un grado de análisis de las situaciones cotidianas, a fe de encontrar respuestas a los sucesos extraordinarios que marcaron mi vida y la convirtieron en esté chiste de suerte y magia en el que me encontraba. Tras minutos prolongados de besos y caricias cómplices y sin mediar explicación alguna, comenzamos a caminar sin rumbo fijo, sin detenernos a ver nada a nuestro alrededor ni a ser conscientes de que aquello era un suceso prácticamente imposible. Átropos se comportaba como si hubiese sido mortal durante toda su existencia y yo, yo simplemente me encontraba feliz con aquella treta del destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué será de mí sin amor? – arrebató la razón al padre tiempo, cuando fue a pedirle la mayor de las locuras posibles. Ningún ser mágico se habría atrevido jamás a solicitar la intervención del propio tiempo, por cuyo cuerpo transcurre todo y todo es irremediablemente preso de su voluntad. - ¿el amor? – preguntó el anciano asombrado de aquella solicitud basada en un acontecimiento que apenas representaba para él un suceso aislado. Los seres divinos no conocían el amor mortal, o al menos esto no les ocurría a todos como demostraba el caso de Átropos. Ella amaba a un mortal con una intensidad tal, que hacía que su propia razón de ser, se viese cuestionada por la necesidad que experimentaba su alma de amar y ser amada. Desde la época de los dioses griegos, cuando el amor no entendía de fronteras entre seres divinos y humanos, con las nefastas consecuencias que aquella ebullición de pasiones sembró en el mundo, quedó irremediablemente prohibido que el amor pudiese interferir en ambas especies. Pero el amor, tan inoportuno, tan pasional y desordenado nunca supo de fronteras ni prohibiciones y hoy se confirmaba que no había valido de nada intentar lapidar aquello imposible de contener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel paréntesis en el tiempo, imperceptible para el mundo entero era un obsequio del padre de las horas, los minutos y los segundos. A cambio de que el destino, su hermano, obtuviese también la consecución de sus designios en el círculo que aquella tarde yo aceptaba cerrar – una vida – dijo ella. Solamente dispondríamos de una vida, pero al estar juntos aquel breve lapso significaría mucho más que para cualquier otro ser – el alquimista debe conocer el amor – sentenció el tiempo cuando debatió con el destino aquella posible trampa a todas las reglas escritas. Y así fue, la muerte cesó el segador paso de las tijeras sobre el hilo en sus manos, pero no el de las de las Moiras. El ciclo continuaba, inexorable, vida y muerte, noche y día en un baile eterno de estrellas y constelaciones. Nosotros viviríamos nuestra vida juntos para volver a la rueda cósmica - ¿y después de esto, qué? Pregunté en un arrebato de melancolía. Ella no me respondió se acurrucó como un ave herida en la hondonada que formaba mi brazo y beso nuevamente mi pecho como queriendo besar el corazón que latía sin cesar. Cada latido, cada bocanada de sangre que corre por mis venas es por estar a su lado – Somos los primeros que vivimos algo así, jamás un ser mágico se le autorizó a encarnarse en un mortal – Esas palabras significaban más que cualquier otra promesa de eternidad. Era cierto, las reglas se movían ahora, para hacer sitio a nuestro amor, quizás existía una posibilidad de amarnos en este y en el otro mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años de la vida sobre la tierra representaron para el tiempo un chasquido de sus dedos, mientras que para nosotros cada instante, cada minuto, estaba acompañado de oleadas de pasión y de sentimientos. Vivimos como si nada pudiese importar más allá de aquellos momentos que estábamos juntos. Cabalgábamos indómitos por la vida, viviendo cada instante como si fuese el último, a fe cierta sabíamos que cualquiera de ellos podía ser. Dentro de aquellas cosas que teníamos claras es que las tijeras de ónix cercenarían simultáneamente nuestros hilos en el mismo momento y nuestra vida mientras duró, fue plena de momentos de amor. De nuestro paso por el mundo recuerdo todos los instantes en los que me vi reflejado en aquellas perlas negras que tenía mi amada por ojos. Los míos, amatistas custodias de mi amor por ella, se cerraron tras cuarenta años de amar a la muerte, nunca temí ese día y cuando nos descubrió ya ancianos, nos tomó sin sorpresas, sin dolor mientras tomados de la mano reposaban nuestros cuerpos en aquel lecho donde, los años de la vida, nos amamos millones de veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De mis recuerdos mortales conservo todo. Lo que más conservo es el amor tan intenso, la felicidad tan enorme de aquel medio día en el que volvió a mi lado. El día de mi muerte, las Moiras nos recibieron sonrientes, recobraban a su hermana, a mi amada. Los años de nuestra ausencia el equilátero conjunto fue completado, para mi sorpresa, por una hermosa Sara que me recibía en el mundo de los muertos portando las tijeras que sesgaban la vida de los humanos. Ella pudo continuar en su camino al mundo de lo no terreno. Sentí que nuestra historia había transformado también su interior. En aquel prado extenso junto al manzano, Sara subió a aquel corcel indomable que correteaba libertino por los campos, mientras mi amada, dotada nuevamente de su juventud, al igual que había ocurrido conmigo, abrazaba nuevamente su destino como verdugo del designio de las estrellas. Yo cumplí con mi palabra y comencé el trabajo de transmutar almas. Los seres de luz pasaron por el prado para convertirse en ángeles custodios, en mortales de regreso al mundo para su conversión o en simples pasajeros de un tren con destino a la eternidad. Al final de ese camino las almas esperarían a la llegada del día donde el mundo de los vivos y de los muertos deje de estar separado por aquella delgada línea que representaba el hilo dorado de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Átropos y yo a modo de despedida, nos besamos nuevamente bajo el manzano, aquel etéreo lugar donde nos retirábamos de cuando en cuando para estar juntos y detener el tiempo para nosotros. Así el amante de la muerte transmutó su propio destino ya que nada es tan intenso, nada es capaz de conseguir tales logros, que el amor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-2265586121501402080?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/2265586121501402080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/06/alquimia-capitulo-x.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/2265586121501402080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/2265586121501402080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/06/alquimia-capitulo-x.html' title='Alquimia (Capitulo X)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TA1SU2QRaqI/AAAAAAAAAJ8/OnbxlyrJs9c/s72-c/cementerio-2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-7787481493813806338</id><published>2010-05-30T13:51:00.000-07:00</published><updated>2010-05-30T14:46:26.296-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo IX)</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TALckNUtztI/AAAAAAAAAJ0/FFAkBripewY/s1600/carretera_sol.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5477182611445894866" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 264px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TALckNUtztI/AAAAAAAAAJ0/FFAkBripewY/s320/carretera_sol.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En una calle cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me aficione a husmear en las experiencias cercanas a la muerte, con la colaboración de Joaquín, un maduro celador que se sentía totalmente fascinado por las experiencias que le contaba del mundo de la muerte. Sabía que a fe de no parecer un loco, debía mantener en secreto aquel día en el limbo, pero aquel hombre despertó en mí una confianza capaz de ser mi más sincero confesor. Al principio solo podía ver el hilo como extensión de mi amada muerte. Llegue con el paso de los días a ver las hojas de la tijera y en una ocasión aprecié como el aliento vital de aquel hombre salía de su cuerpo convirtiéndose en una bocanada de humo que a los pocos segundos comenzó a materializarse junto a su cadáver inerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joaquín se divertía contándome sus anécdotas de juventud, cuando también había amado como yo amaba ahora a Átropos. Dora, su esposa durante veinticinco años murió tras una larga convalecencia en aquellas mismas habitaciones donde día a día tenía que pasar para cumplir con sus funciones. En aquellos dos años desde su muerte Joaquín no había conocido a nadie que le hiciera olvidar, ni un solo instante, a aquella mujer que se encargaba de recordarle que era un hombre feliz. La existencia, ahora garantizada por mi relato, de un mundo más allá de la muerte, sin infiernos, ni condenas eternas, le reportó una tranquilidad y le llenó de esperanzas de volver a ver a su amada. – La muerte me devolverá a sus brazos – me dijo con los ojos llenos de lagrimas, feliz por saber que tras todo ese tiempo de infinito sufrimiento, tendría la oportunidad de estar nuevamente entre sus brazos. Aquel entrañable hombre que a sus cincuenta y tantos años se mantenía fuerte. El ejercicio y el deporte diario mantenían su mente y su corazón lejos del sufrimiento. Pensé que debía, en cuanto mi cuerpo estuviese preparado, volver a escalar, a vivir plenamente al borde de la muerte ya que no tenía miedo a morir. Siendo sinceros la idea de que tarde o temprano moriría, generaba cada noche que pasé en aquel hospital, la tranquilidad suficiente para poder conciliar el sueño. Cada noche me sumergía en los brazos de Morfeo con la imagen de aquellas tijeras de ónix cortando el hilo vital que me mantenía prisionero de aquel infierno que era mi vida sin ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de lo que pude esperar me encontraba totalmente recuperado, al recibir el alta médica, el mundo resultó ser un lugar carente de cualquier emoción para mí. Vivía esperando el paso de los días, el suicidio no sería una opción acertada en ninguna de sus modalidades ya que eso me conduciría al reciclaje kármico si pasar por sus manos apenas. Los días y las noches poco a poco fueron dotando a mi vida de unos matices casi normales, volví al cabo de los meses a frecuentar a los pocos amigos que había adquirido con el paso del tiempo. Cuando sentí que mi mente humana estaba preparada para ello, visité la tumba de Sara. Fue una experiencia que movilizó todos mis recuerdos vitales, aunque era plenamente consciente que en aquel mausoleo de piedra no existía rastro de aquella mujer que había querido, me abracé a su recuerdo y a como ella misma, sin ser consciente de ello, me llevó a los brazos de mi verdadero amor. Me acosté sobre el frío mármol que cubría el suelo sobre el cuerpo de mi prometida y observé el cielo como si fuese mi propio lecho. En todos aquellos meses desde mi experiencia en la delgada línea de la vida, fue el único instante en el que sentí una profunda paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi salida del cementerio volví a penetrar en la atribulada ciudad, mi mente vagaba por los desordenados recuerdos que conservaba sobre mi existencia humana y los pocos instantes de inmortalidad que pude tocar, apenas con la yema de los dedos, vagaba perdido y reconfortado por la tranquilidad que me provocó aquel descanso entre lápidas. Me adentré en el centro repleto de personas que aceleradas andaban de un lado al otro mientras yo era libre del tiempo y de las preocupaciones mundanas que para los demás resultaban tan importantes. Un hombro rozó apenas el mío, apenas como un corriente de aire al que resté la más absoluta importancia y fue allí andando como perdido en una calle cualquiera, cuando llegó como la brisa fresca aquel aroma. No tardé ni medio segundo en reconocer el perfume afrutado, afinando más mis sentidos, percibí su presencia, su aura y la electricidad que recorría mi cuerpo. Me giré sobre mis talones para buscarla apresuradamente, o en su caso la persona que estuviese sufriendo un infarto o una muerte atribulada que ordenase que aquella sensación de cercanía de mi amada. Al girar miré a uno y a otro lado. A algunos metros de distancia una mujer esbelta. Aquella melena negra y frondosa batiéndose al viento de ese mediodía incierto me recordó la mañana en el hospital cuando se alejó de mí tras informarme de que estaba muerto. – estás muerto cariño – su voz en mi cabeza me provocó un mareo que me hubiese arrojado al suelo si mi cuerpo no se hubiese precipitado a la concurrida calle. Atropellé a todos los viandantes que venían en dirección contraria a donde quería yo ir. Parecía como si estuviese luchando contra la marea humana, a duras penas conseguí llegar a la esquina donde había girado. Intenté gritar pero mi garganta era incapaz de emitir sonidos y toda mi boca se entraba seca de pura desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al girar la esquina no había rastro de ella, la calle estaba menos concurrida de pronto y comencé a internarme en ella como ebrio de sentimientos. El sonido de unos tacones en una de las callejuelas me hizo girar a la izquierda. Aquella vía se encontraba desierta, como si no fuese el mismo lugar del mundo en el que me encontraba al tomar la bifurcación a la derecha estaba delante de mí. Vestida como el primer recuerdo que tenía de ella con un ceñido vaquero azul y una camiseta blanca, su melena negra, ondulada y voluminosa enmarcaba un rostro menos pálido del que yo recordaba, de saber que aquello era imposible, hubiese jurado que se encontraba con vida. Sus rasgos eran hermosos. Seguía siendo tan perfectos como los recordaba, la nariz perfilada, los labios dibujados con ese rojo tan intenso, mezcla de fuego y sangre. Ningún pintor en el mundo pudo jamás dibujar un rostro tan hermoso y nadie nunca pudo sentir aquello que yo estaba experimentando en aquel momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes minutos en los que me quedé petrificado delante de Átropos temiendo que desapareciese ante mis ojos ahora que la tenía tan cerca. Ella me observaba como esperando mi reacción y yo solamente intentaba discernir si estaba vivo o por algún motivo estaba muerto sin enterarme. Mi amada se acercó lentamente y sin mediar palabra – sigues vivo mi amor – dijo finalmente a un palmo de distancia de mí. Sentía mi cuerpo arder, mi pulso acelerado tamborileando en mis oídos. Las manos sudorosas y la respiración entrecortada, sentía el suelo bajo mis pies. La brisa fresca de aquel callejón donde el sol no calentaba definitivamente me encontraba con vida – y yo también lo estoy – sentenció para atropellarme con la sorpresa. No dijo nada más y me besó, recorriendo mi cuerpo millones de voltios de electricidad, un calor infernal y una paz que solo conocí cuando mi cuerpo dormitó sobre el mármol del cementerio aquel mismo día.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-7787481493813806338?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/7787481493813806338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-ix.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/7787481493813806338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/7787481493813806338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-ix.html' title='Alquimia (Capitulo IX)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/TALckNUtztI/AAAAAAAAAJ0/FFAkBripewY/s72-c/carretera_sol.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-1308605750698430720</id><published>2010-05-23T07:35:00.000-07:00</published><updated>2010-05-23T07:47:01.028-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo VIII)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S_k-SjEkbaI/AAAAAAAAAJk/2Dll84v4Fsk/s1600/Alquimia+8.jpg"&gt;&lt;/a&gt; &lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5474474762228551490" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 315px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S_k9yo55T0I/AAAAAAAAAJM/5FcUtSK79XU/s320/Alquimia+8.jpg" border="0" /&gt;El eterno inicio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro del cerebro de una madre existe una parte diseñada específicamente para cuidar de sus hijos, este sentimiento se desarrolla desde el momento del embarazo y encuentra su punto álgido especialmente en los momentos en los que alguno de sus cachorros resulta herido de alguna forma. Cuando desperté aquella tarde en la habitación del hospital había pasado un mes desde el accidente. Recuerdo su imagen en aquel sofá del que no se levantó más allá de lo estrictamente necesario, su cabello blanqueado por la preocupación, su rostro delgado y aquellos ojos negros que perdieron el brillo en la impaciencia de las largas noches de espera sentada junto a mi cama. Los médicos le informaron de que a pesar de mi juventud y mi fuerza, las heridas internas del impacto de mi cuerpo, primero con el cristal y luego con el asfalto, generaron secuelas que me habían sumido en profundo coma, del que no daban muchas esperanzas de recuperarme. Clínicamente muerto en dos de las crisis que afrontó mi organismo durante aquellas semanas. Tardé algunos días más en hablar nuevamente, cuando desperté en aquel sueño de magia y limbo, mi cuerpo muerto estaba liberado de dolor y sufrimiento, hubiese querido que el dolor se pudiese mitigar de alguna forma, los brazos, las piernas, la espalda, todo mi organismo estaba magullado, maltrecho y lleno de moratones. Respondía con movimientos dubitativos de mi cabeza arriba y abajo o de lado a lado para comunicarme con el exterior. En parte por el malestar físico y en otras por el intenso sufrimiento que sentía mi alma – ¿todo fue un sueño? – me pregunté a mí mismo en uno de los momentos en los que me encontraba solo y cuando decidí que ya era suficiente silencio en mi vida. Tras semanas de rehabilitación el dolor comenzó a aminorar, había comprendido a fuerza de encontrarme de bruces con la realidad, que todo lo que viví en el limbo había sido un producto de mi mente, para sobre llevar el momento traumático en el que me encontraba inmerso. Las sesiones de rehabilitación que variaban entre los veinte y los sesenta minutos, estaban más cercanas a la tortura medieval que un proceso de recuperación terapéutico. Mi madre que comenzaba también a recuperarse físicamente a medida que progresaba, no cesaba de recordarme en que era milagrosa mi recuperación y que peregrinaría a cuanto santuario mariano existiese en Europa para agradecer aquella más que sobrenatural mejoría. Precisamente ese carácter especial de pasar de la muerte clínica a caminar por los pasillos del hospital me hizo plantearme una mañana luminosa si verdaderamente, lo que viví cuando estuve muerto era simplemente una invención de mi calenturienta cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era difícil de entender para mi progenitora como había aceptado el hecho de que Sara muriese en aquel accidente. Ese punto conexo entre mi realidad y mi propia fantasía, resaltaba la verosimilitud de mi historia. Sara, el coche, el accidente, incluso mis heridas estaban distribuidas en mi carne tal como las pude ver en la experiencia extracorpórea, tendría que ser cierto, de alguna forma había vuelto a la vida – el eterno inicio – susurré delante de aquel ventanal por el que entraban a raudales rayos de luz del sol que picaba sobre mi piel. Miré aquel ventanal con unos ojos nuevos, llevaba semanas obligándome a no creer, a convencerme de lo imposible. Aquella ventana era la misma donde, en el limbo, miré observando el árbol del bien y del mal que luego se convertiría en el lecho de amor de dos amantes imposibles. Delante de mí, una ciudad repleta de bulliciosa vida. Un mundanal ir y venir de personas en los pasillos de aquella planta de rehabilitación y así como ocurre en todos los sucesos trascendentales del universo, mi vida volvió a dar un vuelco y creí nuevamente en la magia y que lo viví fue real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acelerada carrera de las enfermeras, las voces llamando al doctor y la solicitud apresurada del carro de paradas para una habitación del principio del pasillo, me liberaron de mi estupor inicial. Me aleje de la ventana intentando andar lo más rápidamente posible con aquel bastón que tanto me estaba costando dominar. Se trataba de un señor mayor que se encontraba desde hacía un par de días convaleciente de una aparatosa caída. Ninguna de las personas de aquella planta auguraba que su cuerpo resistiese tanto trastorno. Tardé más de lo que esperaba en llegar hasta la puerta donde se escuchaba de fondo el sollozo de una mujer que sin saberlo se convertía en viuda en aquel preciso instante. Me quedé petrificado ante el despliegue de personal insuflando aire en aquel cadáver vacío. El médico se empeñaba en presionar una y otra vez en acompasado movimiento el pecho de aquel hombre. Pensé que la cordura que había, con muchos esfuerzos, recobrado durante la rehabilitación, simplemente desaparecía. Observé con claridad en mitad de aquella sala e inerte en el aire como si manos invisibles lo tomasen y extendiesen un hilo dorado hermoso. Nadie más parecía darse cuenta de aquel espectáculo visual, el médico certificó la muerte y el hilo se partió por la mitad haciendo un gesto de caer en el aire y desapareciendo pocos instantes después de mi vista – Átropos – dije en voz alta lleno de incredulidad. Mis ojos se llenaron de lágrimas, volví a oler el aroma afrutado de su piel y sentí como una brisa fresca acariciaba mi mejilla. - Todo fue cierto – repitiendo aquella afirmación regresé a mi habitación, incapaz de pensar en cualquier otra cosa que no fuese, el recuerdo de mi amada muerte. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-1308605750698430720?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/1308605750698430720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-viii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/1308605750698430720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/1308605750698430720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-viii.html' title='Alquimia (Capitulo VIII)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S_k9yo55T0I/AAAAAAAAAJM/5FcUtSK79XU/s72-c/Alquimia+8.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-4454485270345873424</id><published>2010-05-16T05:32:00.000-07:00</published><updated>2010-05-16T05:37:50.953-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo VII)</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-_mlZvpvgI/AAAAAAAAAJE/IH_MY2-_G6g/s1600/Alquimia+7.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471845602518744578" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 210px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-_mlZvpvgI/AAAAAAAAAJE/IH_MY2-_G6g/s320/Alquimia+7.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Libre Albedrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿eres el único de tu familia con los ojos violeta? – me preguntó tímidamente Sara, mientras hacía pequeños caracoles en mis cabellos. Sentí una corriente eléctrica moverse por todo mi cuerpo, era una mujer hermosa, no podría compararla con una modelo o una actriz de cine, pero era hermosa. Era una cara formada por detalles que separados podrían ser incluso corrientes, pero que en el conjunto conferían a sus rasgos una apariencia cautivadora. Hace años que conocí a Sara, su trabajo y el mío se cruzaron en unas actividades de formación para profesionales, en el cual tropezábamos a la salida o la entrada de alguna sesión, sonrisas, miradas clavadas en la pupila del otro, pero nada más. – ¿a qué es extraño? – dije a modo de respuesta, ella cerro cuidadosamente sus parpados, como si el lente de una videocámara ralentizara sus movimientos. Con la yema del dedo recorrió el surco que forman mis cejas – es increíble, son unos ojos que no se pueden dejar de mirar – Evidentemente, esta variación genética que, para mí se había convertido en algo natural, provocaba, la entiendo ahora, normal fascinación de hombres y mujeres desde que tengo uso de razón. Mi niñez pasada por las burlas de todos aquellos que se mofaban de la tonalidad violácea de aquellas ventanas. Yo en más de una oportunidad intenté esconder aquellos ojos tras gafas de sol, gorras de visera ancha y otros infructuosos inventos, que daban al trasto al simplemente mirar de reojo a las personas, que en el mejor de los casos se asustaban por aquel efecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La adolescencia me convirtió en un hombre solitario, miraba al suelo constantemente evitando las miradas indiscretas, las preguntas familiares y sesgando mi vida social, convirtiendo en escasos los momentos de intimidad, mejor no hablemos de intentar acercarme a las mujeres, esa era la asignatura suspensa de mis años de juventud. Aún así todo llega a un puno de metamorfosis. Tantas horas de soledad continuada, me obligaron a generar otros recursos en los que invertir mi tiempo, como no deseaba encerrarme en un gimnasio repleto de curiosos, decidí correr y hacer escalada. En pocos años de entrenamiento personal mi cuerpo se fue transformando en un conjunto bien formado y de eficaces movimientos, así mismo mi seguridad en mí mismo se fue fortaleciendo junto con mi energía física. – Si te digo que he provocado todas las situaciones posibles para encontrarme contigo ¿me creerías? – aquello era totalmente cierto. Mi capacidad formativa en los más de dos años que le he seguido la pista me permitieron especializarme en la mayor cantidad de temáticas diferentes. Se diría que hasta ese momento había adquirido conocimientos suficientes como para no necesitar ninguna actividad educativa en el resto de mi existencia. - ¿Cómo crees que no voy a creerte, si llevo dos años haciendo lo mismo? – era delicioso saber que alguien tan anhelado y tan deseado estaba junto a mí y que yo para ella era igualmente su objeto de deseo. Acerqué mis labios a los suyos y nuevamente comenzamos a entregarnos el uno al otro para hacer nuevamente el amor. Muchas mujeres habían estado a lo largo de mi vida, he compartido del placer de la carne hasta saciar mis deseos plenamente, aun así, Sara seguía con el movimiento de su cuerpo el ir y venir del mío como si fuese una estudiada coreografía en la cual nos entregábamos en una danza plenamente satisfactoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel verano tostamos nuestro amor en la playa, casi a diario las olas iban y venían sobre nuestros cuerpos entrelazados en un mar de besos. Así fueron los meses hasta convertirse en años. Casi con toda seguridad aquella mujer me acompañaría el resto de mi vida. No fue una relación calmada, nuestros intereses profesionales nos mantuvieron en una larga guerra en la que ninguno de los dos salía beneficiado, permanecíamos juntos a pesar de las incompatibilidades y de las diferencias, porque en el fondo nos queríamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comunicamos a nuestros padres nuestra intención de casarnos, la magnitud de aquella relación que conservábamos como nuestra, se desbordó. Los conflictos aumentaban multiplicados por la presión de la organización de una boda en la que debíamos complacer a todos. Aunque ese "todos" no nos incluían a Sara y a mí. Ya no era tan fácil sonreír cuando aparecía un cargo en las cuentas bancarias por el cual se pagaba una soprano, un plato adicional dentro de los postres o unos cuantos invitados más a la abultada lista de comensales que asistiría a disfrutar de un día que para nosotros se convertía en un calvario. El ritmo agotador, el constante gasto económico y nuestra total e irremediable deriva en aquel espectáculo hacían el resto menguando nuestra más que delicada estabilidad emocional. – ¿Quieres dejar de pensar en el dinero? – gritó ella mientras nos subíamos al vehículo de camino a una nueva prueba de menú, la quinta o sexta. No puedo recordar con exactitud que número le correspondía a aquella cita con el chef de otro nuevo restaurante – Estoy cansada de que todos me digáis que es lo que tengo que hacer – puso en marcha el utilitario, sin parar en ningún instante de hablar. Los sentimientos represados por Sara durante tantos meses de preparativos fueron desembalsados en aquel momento a una semana de la boda, cuando totalmente agotada destrozo la contención de su aguante personal. Yo que me encontraba en la misma posición que ella y que solo deseaba fugarme lejos y olvidar todo el asunto de la boda, intenté sin éxito hacerle entrar en razones para dejar las cosas como estuviesen y que el resultado fuese el que fuese no minase más aún nuestra maltrecha relación de pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no fue así, seguimos discutiendo, enervados por las palabras que salían de nuestros propios labios, esos labios que se desearon hasta ahora y que días atrás se rozaron por última vez. Al llegar al cruce de la calle principal, con la avenida que dividía en dos la ciudad, Sara mantuvo su dirección inicial. El movimiento del vehículo de forma rápida y agitada como nuestra propia discusión se vio súbitamente detenido por el sonido de un claxon que anunció la embestida de un camión de grandes dimensiones que impactó contra el lateral de nuestro vehículo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los siguientes acontecimientos ocurrieron tan deprisa que escapan a mi compresión, una lluvia de cristales moviéndose tan deprisa como mi cuerpo al precipitarse fuera del auto rasgaban mi piel al contacto con ella, tras de mí, una suerte de gritos y quejidos y la respiración contenida de los transeúntes que atónitos contemplaban aquel espectáculo de muerte.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-4454485270345873424?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/4454485270345873424/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-vii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/4454485270345873424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/4454485270345873424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-vii.html' title='Alquimia (Capitulo VII)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-_mlZvpvgI/AAAAAAAAAJE/IH_MY2-_G6g/s72-c/Alquimia+7.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-1062781901304826408</id><published>2010-05-08T05:22:00.000-07:00</published><updated>2010-05-08T05:25:01.854-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capítulo VI)</title><content type='html'>El alquimista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa misma forma abrí los ojos junto al manzano, Átropos me miraba con gesto sereno, con una sonrisa enmascarada en un rictus sobrio, recordaba cada uno de los momentos de aquel día, además de tener recuerdos de mi paso por la tierra mientras estaba vivo. Extrañamente recordé momentos que no asocié a mi existencia mortal, fue relativamente fácil para mi aceptar que aquellos recuerdos pertenecían a vidas pasadas. A fuerza de tropezarme de frente con el mundo mágico comencé a comprender el funcionamiento del sistema en el que me desenvolvía. – Estás preparado ya – afirmó ella, era tan sensual, pensaba que al volver a tener recuerdos, mi nombre, mi pasado, mis amores; aquellos sentimientos serian nuevamente tangibles para mí. Por el contrario, Samuel era un conocido recuerdo, era plenamente consciente que era yo, pero no el de ahora, sino una persona que fui. Así mismo el amor no contenía las mismas connotaciones dramáticas que esta mañana sentía mi ser. Todo había cambiado, mi paseo por el mundo de los recuerdos, de los sueños y esa introspección a la que me sometió la muerte, me permitió ser consciente de la fragilidad de la vida, de su brevedad y de lo mucho que se podía añorar estar vivo. Incluso el amor que sentí en el pasado, quedaba camuflado bajo la marejada de emociones que hoy experimentaba. Un invisible hilo me unía a Átropos, lo que al principio asocié con el amor mundano, se multiplicaba exponencialmente cada segundo que pasaba a su lado - ¿preparado para qué? – pregunté en una reflexión casi humana e igual de pasional – para tu destino – con un ágil gesto se puso de pie, sus movimientos eran rápidos y seguros, como siempre. La seguí por aquel camino despejado que conformaba la campiña mas allá del árbol del bien y el mal. Llegamos a los pocos metros a un desfiladero donde se detuvo mirando el vacío, delante de nosotros y dibujado por tonos grises un acantilado que se precipitaba al mar. La brisa fresca con olor a sal, que subía desde aquella batalla que confrontaban el mar y la roca era muy agradable – Samuel, hoy debes elegir tu destino – parecía triste al hablar ahora, un atisbo de preocupación se desprendía de sus palabras, yo no le respondí. Esperé las explicaciones que aclararían aquel nuevo giro argumental – lo que has visto y experimentado hoy, solo es lo que podría ser, siempre que seas tu quien lo elija – estaba consternado, daba por cierto la existencia, más a estas alturas, de un destino ineludible, como si ninguna de nuestras posibles elecciones fuese realmente determinante en nuestro desenlace. El destino, me explicó Átropos, no era un ser caprichoso, de los elementos divinos. Él era el único capaz de mover el tiempo y cambiar el rumbo de los acontecimientos de los humanos y de los seres mágicos. Aún así una enorme responsabilidad ataba sus dones al libre albedrío – el pacto debe cumplirse – sentenció al ver mi cara de sorpresa. Una milenaria promesa en la cual al hombre en el jardín del edén se le concedió la capacidad de decidir, bueno o malo, una u otra opción, el destino solo ratifica y hace cumplir lo que se ha elegido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mente, ya acostumbrada a las cosas extrañas que ocurrían en aquel día, se preparó para recibir a un señor de barba blanca, tunica de luz y aura celestial. En lugar de eso mi amiga “la muerte” me explicó que era muy raro que el destino físicamente interviniese en algo. Él movía las piezas para que la elección se desembocase – ¿qué tengo que elegir? – me comenzaba a inquietar con la espera, ella seguía mirando al vacío que se extendía delante de nosotros. Mi destino, como le llamaba, estaba vinculado a convertirme en un ser como ella, anclado en el purgatorio del universo, en aquella delicada línea de vida y muerte en la que hoy, como equilibristas, paseábamos mientras yo absurdamente me enamoraba de ella. Átropos intentaba decirme que la decisión que tendría que tomar me alejaría de ella, fuese cual fuese el camino que yo pudiese elegir, el destino me conduciría lejos de su aroma, de la electricidad que recorría mi cuerpo al estar a su lado, del olor de su etéreo cuerpo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El alquimista, según me explicó, se encargaba de permutar las almas mortales, despojando a las mismas de sus impurezas mundanas en el paso a la siguiente vida, acompañaba en el difícil trance de la reencarnación a aquellos mortales que eran devueltos al ciclo vital. - La eterna transformación - llamó al proceso por el cual un alma regresaba a la tierra a aprender de sus errores, a repetir las experiencias traumáticas hasta superarlas y a convertirse en una persona mejor. El misterio kármico que encerraba aquella espiral de mejora interior te llevaba a puntos más elevados de conocimiento – ¿y después de eso qué? – pregunté tras lo que me pareció un callejón sin salida. Quizás una eternidad de cambio y evolución ¿para llegar adónde? – Algunos tras el proceso vuelven a la tierra, para preservar el equilibrio entre el bien y el mal – la miré extrañado, ella me sorprendió con una enorme sonrisa. Sus dientes blancos como la nieve parecían dibujados en aquellos hermosos labios – ¿acaso te sorprendes todavía? ángeles, fantasmas, demonios. Todo es cierto Alquimista – Yo todavía no tenia asimilado aquel nombre. Mi devaneo por el mundo onírico de Morfeo me generó nostalgia de lo que significaba estar vivo - ¿qué ocurre con los que no quieren volver? – Su mirada se clavó nuevamente en el horizonte gris – van al cielo Samuel – solo mencionarlo provocaba una sensación de paz, de nostalgia y de sobrecogimiento. Átropos no tardó en contarme que nosotros nos encontrábamos en un punto medio e inconexo de la historia, si yo elegía ser el alquimista de almas, ese sería mi mundo, fuera de la espiral de transformación y lejos del cielo y de la tierra. Aquel lugar de tránsito necesitaba sus seres mágicos y no era una oferta de trabajo que cualquiera desearía aceptar fácilmente. Nos quedamos allí, en silencio durante mucho tiempo, ninguno de los dos se atrevía a continuar con las preguntas y mucho menos responderlas. Una ráfaga de aire marino volvió a golpear el acantilado - ¿tu y yo? – la ineludible incertidumbre brotó de mis labios. El deseo de pertenecerle reñía dentro de mí con la certeza de que aquella misión estaría condicionada a la soledad más absoluta – yo me debo a las Moiras, al hilo dorado y al destino escrito en las estrellas, estoy presa en el mundo de los vivos – y yo estaría eternamente condenado a mantenerme en aquel jardín de transición para siempre. Aquella decisión sería fácil de tomar si el amor de mi pecho no estuviese vinculado a aquella mujer de cabellos oscuros que perfumaba mi existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si mi elección era no aceptar, regresaría al ciclo humano para prepararme para afrontar mi destino. Estaba escrito que yo sería el alquimista tarde o temprano, no existe solo uno de nosotros, hay tantos alquimistas como estrellas custodian el proceso de transición de las almas en su paso por el mundo. Me preocupe por ella porque estaba a todas luces atrapada en su mundo sobrenatural – Nunca debí enamorarme de ti – fueron sus palabras antes de alejarse del borde del precipicio, fui tras ella, agitado la tomé de las manos obligándola a volverse sobre sus pasos, acerqué mi cuerpo al suyo y la besé. Ella intentó resistirse pero no pudo contener lo que su propio ser deseaba, fuimos uno en el desfiladero, donde el mar de las almas perdidas choca con la pared de roca, la amé hasta sentirme exhausto. Seguramente violábamos ambos, unas cuantas reglas que pudiesen existir en este y el otro mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si no puedo estar contigo, no quiero este destino – le confesé, al menos reencarnado tendría la oportunidad de volver a verla, en el momento de mi nacimiento y en el de mi nueva muerte. La mujer que yo amé estando muerto y que seguramente había amado desde el primer aliento de todas mis existencias, volvió a reflejarse en mis ojos. De regreso en el manzano nos abrazamos largamente – no puedo interferir en tu decisión. Está tomada – colocó su mano derecha y la puso sobre mi corazón sentí el calor fluir de su palma extendida. Al principio el tibio tacto era placentero pero a los pocos segundos la abrasadora descarga se extendía atravesando mi pecho hasta llegar a mi corazón – está hecho – dijo difuminándose y todo volvió a ser negro a mi alrededor.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-VX8R2CBaI/AAAAAAAAAIk/CqKkflQ7_QQ/s1600/Alquimia+6.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-VX8R2CBaI/AAAAAAAAAIk/CqKkflQ7_QQ/s320/Alquimia+6.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5468874015605130658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Doctor respira, pulso estabilizándose – anunció acelerada una voz de mujer. Abrí los ojos sobre mí una ráfaga de luz y muchas caras desconocidas – ¿Chico estás bien? – me preguntó un hombre mayor a través de aquella mascarilla que tenía sobre la boca. Volví entonces a perder el conocimiento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-1062781901304826408?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/1062781901304826408/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-vi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/1062781901304826408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/1062781901304826408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-vi.html' title='Alquimia (Capítulo VI)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S-VX8R2CBaI/AAAAAAAAAIk/CqKkflQ7_QQ/s72-c/Alquimia+6.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-469151696847706877</id><published>2010-05-01T02:27:00.000-07:00</published><updated>2010-05-01T02:45:59.942-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo V)</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9v2yrCFrCI/AAAAAAAAAHI/3SYUCiIJjGo/s1600/Alquimia+5.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 213px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9v2yrCFrCI/AAAAAAAAAHI/3SYUCiIJjGo/s320/Alquimia+5.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5466233923149605922" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Morfeo, ella y yo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrí los ojos en una sala oscura esta vez, mi mente se estaba cansando de ser abierta como una nuez en situaciones tan diversas, mi cuerpo estaba en movimiento. El techo sobre mí se movía y toda mi humanidad, o al menos lo que quedaba de ella se bamboleaba en los brazos de algún cuerpo rígido que me trasladaba con quietud. Paso a paso mi alma cansada se mecía entre la rocosa caverna donde me encontraba - ¿Dónde estoy? – pregunté consternado, no obtuve respuesta alguna. Allá donde comenzaban los desarrollados brazos que me llevaban, una nebulosa borraba el rostro – ¿está vivo? – Preguntó una voz extrañamente familiar – dejará de estarlo pronto y lo sabes. Ahora solo duerme, si no fuese así no estaría yo con el – aquella voz varonil retumbó dentro de mi cabeza, se me antojaba lejana. Por momentos me desvanecía hasta sentirme dormido, otras veces por el contrario el vaivén me agitaba hasta devolverme a la vigilia. En una de esas continuas sacudidas me vi escalando una alta montaña. Estaba preparado con un equipo de alpinismo muy completo, botas que incluían unas púas afiladas para asirme con seguridad a la pared de roca, un mosquetón por el se deslizaba una contundente soga que me mantendría seguro ante cualquier posible caída. Aunque todo el equipamiento me acompañaba, en ese preciso instante reacciones "nunca había escalado y que simplemente no sabía cómo hacerlo" me angustié a tal punto que al intentar avanzar en el ascenso de la inclinada pared montañosa, mis manos se soltaron dejándome caer de espaldas. Aliviado pensé el mosquetón y la cuerda de seguridad, pero los mismos se vieron insuficientes para soportar mi peso, la gruesa línea que dibujaba mi seguridad, simplemente se rompió arrojándome al vacío en una caída mortal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salté sobre mí mismo sobre el lecho de la confortable cama donde reposaba. A mi lado Átropos estaba sentada en un sillón de brazos enormes, bebiendo placidamente una copa de vino tinto. A su lado un hombre moreno, de complexión fuerte y con una rudeza de gestos que no dejaba mucho campo abierto a entablar algún tipo de conexión – Tranquilo, solo ha sido un sueño – repasé mentalmente lo que había ocurrido hasta ese momento. Nada tenía sentido cuando comenzó la mañana y ahora cualquier coherencia estaba totalmente erradicada de las posibles explicaciones de este día - ¿los muertos sueñan? – Pregunté incrédulo, ella me observó lánguidamente. Compartió con el desconocido un cómplice intercambio de gestos – este es en concreto, un recuerdo de un sueño – nada tenía lógica en aquellas palabras, pero tendría que creerle. Hasta ahora me había facilitado respuestas, bastante creíbles por absurdas que pareciesen para un hombre frío y racional como yo. Las siguientes horas, o al menos me pareció que ese era el tiempo que transcurría, mientras ella me explicaba nuevamente una situación extraña para mí. Átropos regresó al árbol del bien y del mal para hacerme entender que el momento en el que regresaron los recuerdos a mi mente fui consciente del pasado que aconteció cuando estaba vivo – Tú has deseado revivir aquellos momentos y aquí estamos – era inaudito pensar que un deseo fuese capaz de trasladarme hasta ese momento del tiempo y del espacio. El hombre alto comenzó a explicarme que yo no era un difunto corriente, mi destino tenía aparejado consigo unas capacidades que me permitían, entre otras tantas cosas, ralentizar el tiempo y desplazarme a través de el para asistir a los acontecimientos que necesitase poder presenciar nuevamente. No me encontraba conforme con las pocas explicaciones sobre el supuesto destino que había guiado mis pasos hasta este mundo de extraños y mágicos seres. A fuerza de paciencia, Átropos intento hacerme consciente de que yo ahora mismo estaba rememorando el día del accidente. Dando saltos temporales, navegaba sin timón por mi falta de control sobre estas habilidades, en los acontecimientos que desembocaron en mi propia muerte para iniciar esta nueva vida que se abría ante mí. Tras una mirada larga y lastimera el hombre me indicó en que lugar me encontraba, la fecha, el lugar y el momento – es la noche después del accidente – me dijo, mis ojos se abrieron de par en par hasta casi dolerme – estás dormido en la cama del hospital y estás reviviendo los sueños que tuviste aquella noche - ¿los sueños? Me pregunté a mí mismo dentro de mis atribulados pensamientos – estamos dentro de tu cabeza, reviviendo tus últimos sueños – ella con gesto comprensivo intentaba dar tranquilidad a una más que agobiada mente. Si aquello era mi cabeza, tendría que ser un lugar más ordenado, quizás una biblioteca. Por el contrario, era una caverna donde todo era lúgubre y tenebroso – Nos encontramos en el rincón que guarda tus miedos, aquí te alojaste para soñar aquella noche. Algo dentro de ti, quizás tu destino, te hizo consciente de que pronto morirías y sentiste mucho miedo. Por eso tus sueños de aquella noche nacieron aquí. La verdad no fueron sueños placenteros – el alegato tan convincente del hombre me permitió encontrar algún tipo de lógica a aquel inconexo lugar - ¿tu quién eres? – pregunté al final, cuando recordé que no sabía que pintaba aquel ser en el entramado de la muerte. – Morfeo es el guardián del sueño y de los que duermen – Átropos se adelantó en la respuesta. El sueño es un proceso de vida, nadie tenía más conocimiento del mundo de los vivos que Morfeo. Él podría me revelaría los conocimientos necesarios para afrontar mi nuevo lugar en el mundo de lo extraño y sobrenatural – te queda un largo camino por recorrer Samuel, pero ahora tienes que despertarte – sentenció el enigmático cuidador de la penumbra y de la ensoñación. Morfeo Pronunció un nombre que rápidamente entendí como mío, oleadas de recuerdos acompañaron ese nombre, arrastrándome con la resaca del mar del pensamiento lejos de la orilla del mundo de los sueños donde estaba en aquel momento y me desperté, aunque tras lo vivido con esos nuevos recuerdos, hubiese preferido seguir dormido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un crujido bajo mis pies me obligó a mirar abajo, la rama del árbol donde estaba subido se sacudía como si en cualquier momento se fuese a romper, dejándome a merced de la gravedad y arrojando mi cuerpo al vacío. Finalmente, me precipité al suelo, más por mi propio movimiento nervioso que por la rotura de aquella rama, durante mi caída libre el rostro de mi madre angustiada al otro lado de jardín me conmovió. Mi madre murió pocos años después de aquella caída cuando apenas contaba con unos doce años, me enfrenté a crecer solo. Mi padre sabía resolver nuestros problemas más inminentes, aquellas cosas que para él resultaban ser importantes. El resto eran cosas que jamás tendrían importancia. Un plato caliente en la mesa y un techo donde guarecerse resultaba lo único realmente valioso para él. A menos de un metro para llegar al suelo mi madre consiguió emitir un grito desesperado. Controlé a fuerza de creerme capaz de hacerlo eso de ralentizar el tiempo y me regodee en observar su dulce rostro, aunque no era fácil hacerlo de cabeza y a sabiendas de lo que ocurrirá después. Llegue al suelo antes de que mi madre hubiese podido avanzar más de un par de metros en la extensión de aquella parcela sobre la cual se elevaba nuestro hogar. Escuché un golpe seco que correspondía a mi cabeza estrellándose, el sabor de la sangre que se agolpaba en mi nariz y el sonido de las vértebras reacomodándose para encajar lo mejor posible aquel impacto. Con un crujido acompañado de un dolor insoportable hasta más no poder. Recordé como me rompí el brazo, así mismo este fue el día que más quise a mi madre y entendí la complejidad de la elección de los recuerdos. Los momentos más traumáticos, resultan ser, los que de alguna forma graban en tu mente los espacios más felices que conforman la memoria que te acompaña cuando llega la hora de ir a la tumba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-469151696847706877?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/469151696847706877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-v.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/469151696847706877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/469151696847706877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/05/alquimia-capitulo-v.html' title='Alquimia (Capitulo V)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9v2yrCFrCI/AAAAAAAAAHI/3SYUCiIJjGo/s72-c/Alquimia+5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-8313114109335217377</id><published>2010-04-18T12:43:00.000-07:00</published><updated>2010-04-18T12:48:12.046-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo IV)</title><content type='html'>Resucitó de entre los muertos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue cuando mi cuerpo con un alarido se incorporó un palmo de la camilla. Una atribulada sala repleta de enfermeras y médicos. El sonido del instrumental moviéndose deprisa sobre mi cuerpo, el monitor de las constantes vitales. En mi frente se abrió una brecha de la que emanaba un hilo constante de sangre. – Doctor, las constantes son irregulares – llamó la atención de forma alarmada la mujer de pijama verde que se empeñaba en insuflar aire dentro de mi cuerpo. Me descubrí a mí mismo frente a mi cuerpo que luchaba por aferrarse a la vida. Un movimiento rápido me llevó más atrás en el tiempo. Estoy conduciendo, discuto acaloradamente con alguien, la voz de la mujer borda la histeria; es difícil interpretar las cosas que escucho. Aun me  encuentro sorprendido de estar reviviendo aquellos minutos, el deja-vú intensificaba las sensaciones de aquel momento. Lo sentía todo a mi alrededor, estaba vivo ¿era real o era un recuerdo? – ¿Sara eres tú? – a la vez que confeccionaba esa pregunta, giraba mi cara hasta cruzarme con su rostro iracundo. Era ella tan real, tan hermosa, una furia de mujer que desvivía todos y cada uno de mis sentidos. Un volcán en plena erupción no habría tenido jamás la mitad del efecto aterrador que despertaba en mí mi prometida cuando, presa de su encolerizada y cegadora furia arremetía contra mí como las huestes de un ejército furibundo. ¿Por qué seguía con ella? Porque estaba irremediablemente enamorado de aquellos ojos, de aquella boca, aquella cólera iracunda cuando se enfadaba conmigo – Dios -  aquella majestuosa y arrolladora mujer estaba nuevamente frente a mí. Sus labios dibujados en una sutil línea rosa, las cejas encajonando en el gesto severo de su enfado,  unos ojos verdes de una tonalidad tan sutil como el jade. No sería suficiente mi cara de sorpresa, mi expresión de consternación al descubrirme en aquella situación que para mí, a todas luces, era nueva. Fue entonces cuando, sorprendido, observé aquel enorme vehículo que, siguiendo su trayectoria recta en aquel cruce de vías, estaba a punto de interceptar nuestro utilitario. El tiempo nuevamente se ralentizó solo yo parecía disponer de la consciencia necesaria para advertir lo que estaba ocurriendo. Sara continuaba vociferando a mi lado aferrada al volante sin apenas prestar atención a la carretera, realizó el cruce sin percatarse del semáforo en rojo que cortaba nuestra preferencia de paso en aquella intersección. Apenas me dio tiempo para lanzar un ahogado grito con el nombre de mi amada, solo unos segundos, que a pesar de que para mí resultaron eternos, no fueron suficientes para realizar algún tipo de acción que detuviese el destino cruel que se nos avecinaba. Volví a girar mi rostro en búsqueda de algún tipo de escapatoria, de una posible solución que nos sacase de aquel atolladero. Al otro lado de la calle, mirándonos, siendo consciente de lo que estaba ocurriendo, al parecer la única persona que estaba atenta a aquella inevitable tragedia, se encontraba una mujer esbelta, de cabellos castaños, vestida con un ceñido traje negro que cubría la práctica totalidad de su cuerpo. Se  dibujaban unas más que sensuales líneas curvas a lo largo de toda su fisonomía – Átropos – susurré al reconocerla. Una perla cristalina recorría su rostro. Me miraba fijamente, casi podía escuchar sus palabras dentro de mi mente, sus labios no se movían pero dentro de mí mismo conocía el contenido del mensaje que deseaba transmitirme – esto fue lo que ocurrió. - Entonces el camión de grandes dimensiones hizo sonar su bocina. Sara y yo volvimos para mirar lo totalmente imposible de evitar, una ráfaga oscura surcó mi visión y perdí el conocimiento. Sara fue consciente hasta el último instante de aquellas acciones, sintió y yo ahora a través suyo, el golpe del parachoques del vehículo contra el nuestro, la deformación de la carrocería aproximándose en primera instancia a mi cuerpo que salió despedido cuando los anclajes del asiento no soportaron más la deformidad de la estructura de aquella carrocería. La ventana ya fracturada por la intensa envestida fue marco perfecto para que mi cuerpo cruzara aquel umbral para caer algunos metros lejos del accidente, el golpe de mi ente inerte contra el asfalto, tras algunas vueltas que, ahora sí, provocaron la sorpresa y el sobresalto de los allí presentes. La gente corrió para socorrerme a la vez que otros tantos se alejaban del coche de Sara que se precipitaba contra una acera atestada de transeúntes impulsada por el camión. Era imposible de asimilar que la vida se escapara de sus manos, el volante presionaba su abdomen comprimiendo sus órganos internos y provocando que sus costillas, rotas por las violentas estampidas del vehículo se convirtiesen en puñales que desde su interior atravesaban las partes vitales de aquella anatomía, plenamente despierta y consciente de lo que le estaba ocurriendo. El utilitario se detuvo finalmente cuando se estrelló contra una boca de riego. El conductor del camión, herido brutalmente en la frente, estaba en un estado de shock tal, que no le permitió poner en funcionamiento el freno hasta después del impacto. La inercia hizo el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sara – Grité desde el otro lado de la acera, podía vislumbrar horrorizado toda la escena. A mi lado Átropos con semblante serio mantenía la mirada fija en mi prometida, en sus manos las tijeras de ónix. Tras ella y como salidas de la nada Clotos y Láquesis flanqueaban a su hermana tomando entre ambas, un hilo dorado, tras una consulta, algo breve a mí parecer, al firmamento que a pesar de estar a pleno día podían leer el designio escrito. Átropos giró sobre su propio eje para enfrentarse a sus hermanas con las que intercambió una mirada más cercana al sincronismo de movimientos que a la búsqueda de aprobación. Cerró las oscuras tijeras cortando de golpe certero el amarillo hilo – consumado está – afirmó. En aquellos instantes percibí en una nueva ralentización del tiempo que me circundaba, cómo latía débilmente un corazón. Luego supe pertenecía a mi prometida, tras el corte del hilo, el silencio fue pleno, me circundó un aire frío que poco a poco comenzó a entumecer mis extremidades. Hasta aquel momento las Moiras parecían ajenas a mi presencia, era como si yo no existiese, una brisa fresca comenzó a desdibujar la silueta de aquellas mujeres, un hondo pesar me invadió. Antes de desaparecer por completo y apenas moviendo un ápice sus ojos, Átropos volvió a hablarme mentalmente – vuelve a tu cuerpo, todavía no estás muerto – y desapareció totalmente delante de mis consternados ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo un parpadeo bastó para despertarme nuevamente dolorido, quejumbrado y maltrecho sobre el asfalto. Oleadas de dolor recorrían mi cuerpo desde los pies hasta la cabeza, pasando como una corriente eléctrica por mi columna vertebral que se veía sacudida por espasmódicas ráfagas que me provocaban mayor dolor aún – respira – dijo una de las personas que se arremolinaban sobre mí. En la distancia escuché el agitado sonido de las sirenas de la ambulancia y los bomberos. Tras algunos instantes más y cansado por las embestidas del dolor sobre mi ser, comencé a sentir como se desvanecía a mi lado, las imágenes se volvían difusas y el sonido de los vehículos de auxilio parecía alejarse de mí en lugar de aproximarse y volví a caer en los brazos de Morpheo.&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S8thPQN1jYI/AAAAAAAAAHA/HKcXMjDb_bs/s1600/Carretera.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 263px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S8thPQN1jYI/AAAAAAAAAHA/HKcXMjDb_bs/s320/Carretera.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5461565887795793282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-8313114109335217377?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/8313114109335217377/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/04/alquimia-capitulo-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/8313114109335217377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/8313114109335217377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/04/alquimia-capitulo-iv.html' title='Alquimia (Capitulo IV)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S8thPQN1jYI/AAAAAAAAAHA/HKcXMjDb_bs/s72-c/Carretera.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-736644691382812627</id><published>2010-04-03T10:21:00.000-07:00</published><updated>2010-04-03T10:33:56.872-07:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo III)</title><content type='html'>Todos los días pueden ser el primer día&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S7d7Rz0qXuI/AAAAAAAAAGw/7gaHF7ifUB8/s1600/moiras.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S7d7Rz0qXuI/AAAAAAAAAGw/7gaHF7ifUB8/s320/moiras.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455965019481726690" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Quizás pasaron horas de conversación, quizás días en la misma postura, sin sentir cansancio pero pleno de una felicidad completa. Átropos me explicó los misterios de la muerte y la magia que encierra el intrincado amasijo de historias traducidas en leyendas que llegaron a nuestros días disfrazadas de mitos. Las connotaciones de todo lo que puso en mi conocimiento me turbaron haciéndome sentir más que nunca pequeño ante el mundo. Cierto era que el pasado anterior a aquel día se encontraba difuminado en una espesa cortina de oscuridad, pero también era cierto que dentro de mí existía la certeza de que ese pasado era real, estaba allí aunque ahora no pudiese alcanzarlo. Era increíble que fuese real, tan hermosa, el olor dulce que se filtraba por sus cabellos, y la jovialidad que desprendían sus ojos – todo es una ilusión – dijo cuando le desvelé mis pensamientos, la historia sobre su origen perdido en el tiempo mantuvo mi atención centrada la mayor parte del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clotos tejía el hilo de la vida de los mortales, pacientemente en su rueca entrelazaba las fibras del destino escribiendo dentro de los complejos puntos las vicisitudes del mundo, de forma distinta de lo que se pudiese pensar, no escribía el libro de la vida, su misión no se enfrentaba al libre albedrío del que se dotó a los humanos en el momento justo de la creación, tras el pecado original y la llegada de la sabiduría, el bien y el mal y también la muerte - ¿también eso es cierto? – interrumpí incrédulo, ella sonrió con ese gesto al que me comenzaba a acostumbrar con demasiada facilidad – ¿dónde crees que estamos? – Preguntó como respuesta a mi duda, recorrí con la mirada el vasto prado, el hospital parecía difuso como si se alejase con el paso de los minutos y ofreciéndonos una tupida sombra un frondoso manzano – el árbol – susurré quedando boquiabierto. Ella por lo pronto continuó su relato. Láquesis su otra hermana se encargaba de medir el hilo de la vida. Le acompañaba siempre una pluma con la que apuntaba todos y cada uno de las imperfecciones de la costura, aquellas que marcaban los acontecimientos trascendentales de la vida de los hombres. Y ella, bueno su función era la más difícil de entender. Átropos tenía en sus manos la tijera con la que sesgaba la vida llegado el día que marcaban las estrellas, tres días después del nacimiento las hermanas Moiras aparecían para determinar el destino de la vida del recién nacido, siempre bajo el tácito secreto de su inescrutable designio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tristeza enorme se reflejó en la cara de mi acompañante cuando llegó la hora de hablar de su función en el clan mágico de su familia – ¿tú decidiste mi muerte entonces? – la severidad de su rostro se acentuó más si cabe ante mi acusación. Átropos ladeó la cabeza hacia la derecha y un mechón de pelo calló frente a sus ojos, una brillante estrella descendió por su mejilla. Aquella lágrima era equiparable a la angustia y la pena extrema – yo no decido nada, solo corto el hilo cuando hay que cortarlo – respondió finalmente. Cuando el silencio fue tan insoportable, pensé que el dolor había vuelto a mí y así fue, aquel vacío despertó, como ya otras reacciones del día despertaron mis sentidos. El sufrimiento era insoportable a partir de ese momento, sentía un hondo pesar. Un dolor se alojó en la boca de mi estomago, de pura duda y miedo a que aquella desconocida se alejase de mí – sí, ya ha vuelto el dolor, pronto regresarán los recuerdos, avanzas rápido – le miré a los ojos, asombrado por aquellas palabras. Por el conocimiento exhaustivo que disponía sobre mí y sobre el futuro, aunque luego supe que no conocía lo venidero más allá de lo que dicen las estrellas. Ella solo sabía cuándo cortar el hilo, pero había visto infinidad de muertos a lo largo de los eones que duraba su historia sobre la faz de la tierra, “estuve al principio y estaré al final de los tiempos” dijo y eso retumbaba en mi cabeza. Porque mi existencia no estaba eternamente garantizada, ¿o tal vez sí? La vida o la muerte a medida de que el mundo fue avanzando, dejó olvidadas a las parcas. Convirtiendo aquellos mágicos seres en las calaveras encapuchadas de negro, que guadaña en mano, asesinaban a diestro y siniestro durante los años de la peste – aquella fue una época terrible – y se rió a carcajadas – tanta gente estaba destinada a morir en tan poco tiempo, que no terminaba de cortar un hilo cuando debía cortar el siguiente – y una ráfaga de tristeza recorrió nuevamente su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Horas o quizás días después llegó nuevamente el momento en el que hablar de mí, de mi muerte. Y del porqué ella estaba en ese momento conmigo – cometí el error más grande de todos los tiempos – me dijo, en ese momento pensé que accidentalmente cortó el hilo correspondiente a mi vida. Aunque me garantizó que eso jamás había ocurrido y aunque así fuese, Clotos podría recomponer el hilo con su rueca – me enamoré de ti - y fijó sus ojos en los míos – tres días después de tu nacimiento llegamos, tu no recuerdas ese día, pero yo me quedé prendida totalmente del hilo que fluía de la rueca. Mi pensamiento atrapó al vuelo el recorrido de tu cuerpo por el camino de la vida y sufrí cada uno de los tropiezos de tus pies al caminar. Hasta que llego el aciago día en el que las estrellas me dijeron que debía cortar aquel precioso hilo que fluía entre mis dedos. Desde ese día no he encontrado consuelo – cuando terminó de decir aquellas palabras, vi claramente el momento. Inexplicablemente vi la rueca, a las Moiras, su rostro lleno de dolor y las tijeras, no eran doradas como las representadas en los cuadros del renacimiento. Unas hermosas tijeras negras como el ónix y el hilo cortado de un certero golpe. Fue entonces cuando me golpeó la primera oleada de recuerdos, el túnel, la oscura presencia del abandono del cuerpo, el dolor de la larga convalecencia en el hospital. La cara de las enfermeras que se esforzaban en asir mi alma al cuerpo y la rapidez en el desplazamiento de mi visión por aquel limbo oscuro. En el extremo del túnel la luz. El fulgor y la habitación del hospital donde hace pocas horas para mí comenzaba todo de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella sonrió al saber que la reacción de mi rostro solo reflejaba parte del aprendizaje que ese recuerdo revelaba – todos los días pueden ser el primer día – y comprendí que la vida pasada que ahora era tan necesaria para mí, no significaba más que un escalón que se deja atrás con otro propósito. Tras algunas horas más de conversación entendí que la nueva vida que se abría ante mis ojos, estaría más vinculada a las cosas que tendría que hacer, que a las cosas que había hecho hasta aquella situación – te amo – dije sin ser consciente de las repercusiones de mis propias palabras. Los sentimientos también regresaron – eres el amante de la muerte, aciago destino – sus palabras no intentaban disuadirme, no esperaban alejarme de ella. Ahora el destino sería quien nos uniría en la más cruel de las misiones. También ella se encontraba presa de sus sentimientos, de su amor por mí, del deseo de mi vida extinta que hoy me unía a ella y al fin pude besarla. No existió entonces pasado, el tiempo se desmoronó a nuestro rededor y solo nosotros éramos reales, tangibles. Sentí que estaba vivo, más que cualquier recuerdo, más que nada de lo que viví cuando la sangre corría por mis venas. Era el primer día de mi nueva existencia y ella insuflaba dentro de mí el beso de la muerte que me resucitó.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-736644691382812627?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/736644691382812627/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/04/alquimia-capitulo-iii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/736644691382812627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/736644691382812627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/04/alquimia-capitulo-iii.html' title='Alquimia (Capitulo III)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S7d7Rz0qXuI/AAAAAAAAAGw/7gaHF7ifUB8/s72-c/moiras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-988989815920710686</id><published>2010-03-01T12:27:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T12:39:55.138-08:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo II)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;El árbol del bién y del mal&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me sentí tranquilo al comprobar que el cansancio tampoco abatió mi cuerpo en la bajada frenética de las escaleras. Los escalones fluyeron bajo mis pies rápidamente, la pared de tonalidades claras no se veía modificada en el descenso, una, dos, cinco plantas de bajada acelerada, en las cuales no me estrellé contra las barandillas y en las que pude constatar que aquel edificio estaba totalmente vacío. Me encontraba tan completamente obcecado en la idea de llegar hasta aquella misteriosa mujer que no reparé en las reacciones tan extrañas que experimentaba, o mejor dicho que adolecían en el proceso normal y natural del cuerpo. No me encontraba cansado, la fatiga no llegaba a mis músculos, mis pies descalzos no sintieron el frío suelo de mármol lleno de vetas grises que se extendía debajo de mí, ni siquiera el aire proveniente de la velocidad de mi desplazamiento era un hecho tangible. No era capaz de recordar nada anterior a esa mañana al abrir los ojos en aquella habitación. Nada me hacía sentir intranquilo, ni siquiera la posibilidad, ahora más que confirmada por el peso de la evidencia de aquellas pruebas físicas, de mi muerte corpórea. Me detuve en seco en la planta que se encontraba a la altura de la calle, el color de las paredes se modificó súbitamente en este nivel, recubiertas de una pintura azul y acompañadas por un enmoquetado de goma a juego, señalizando los accesos a las diferentes especialidades médicas. Me detuve sorprendido, miré a mi alrededor y reparé nuevamente en mí – no estoy respirando – dije en voz alta al ser consciente de esta poco natural respuesta mía, ahora cadáver – es cierto –. La voz en mi pensamiento, tan tangible como la viva, retumbó en mi cabeza. Fue entonces cuando busqué en el archivo de aquella mente truncada que carecía de recuerdos algo físico y mecánico como es el respirar y di una gran bocanada de aire. Comenzó a moverse una fuerza en todo mi organismo, un ligero cosquilleo se abrió paso desde me boca hasta mis pulmones atravesando la traquea y dilatando mi pecho bajo aquellas ropas. Al salir el aire el cosquilleo se transformó sorprendiéndome nuevamente, una sensación cálida, agradable y tranquilizadora. Ya no sentí el deseo súbito de correr para encontrar a aquel misterioso personaje. Avancé a paso seguro y percibí el suelo de goma bajo la planta del pie derecho al moverlo. La modificación trascendental del sentido del tacto que regresaba a mí me aturdió. Centré mis objetivos, una emoción me embargó al percibir una corriente de aire freso proveniente del pasillo que conducía a traumatología, llegue a las puertas de cristal, pero tras múltiples esfuerzos en todas las posibles salidas, aquel edificio estaba absolutamente confinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grité y golpee aquella superficie transparente, no conseguí abrir las puertas. Tomé una silla que arrojé con todas mis fuerzas. Afortunadamente el sentido del tacto no había conseguido traer consigo el dolor, el cansancio y las necesidades humanas más básicas – al menos respiras – dijo aquella extraña mujer a mi espalda. Giré mi cuerpo sobresaltado pero sin sentir miedo, volví a enfrentarme a aquella mirada gélida, reparé así una vez mas en su cuerpo, en la perfecta simetría de sus formas, la sensualidad que no percibí en su más que breve aparición anterior, un cálido estremecimiento corrió desde mi estómago hasta mi cabeza. Noté la falta de aquel vuelco del corazón que estamos tan predispuestos a sentir. Al igual que a mi llegada a la planta baja, reconocí mi corazón detenido, sin sonido ni movimiento – no, no late y aunque ahora lo haces, realmente no necesitas respirar, ni sentir, ni padecer - serenamente trasladó una conclusión a la que había llegado yo mismo, pero me tranquilizó. Ella comenzó a andar hacia la puerta pasando justo a mi lado, sin percatarse en mi presencia, como si me hubiese olvidado. Al caminar junto a mí, una bocanada de un olor dulzón llegó a mi nariz, sentí en el paladar un sabor especial afrutado y solo pude pensar en el color rosa pálido, como si estuviese vivo, completo y lleno de vitalidad. Siguió andando y abrió la puerta con un ligero empujón. Una corriente de aire meció su cabellera azabache al salir. Corrí tras ella y estrellé mi cuerpo contra el acristalado bloque inamovible en el que se convirtió nuevamente aquella estructura. Reboté de forma más que exagerada hacia atrás, caí de espaldas. Tras de mí, nuevamente la voz de aquel puma vestido de mujer – ¡hombres! - suspiró insatisfecha por mi simplicidad. Retomó su camino hacia la puerta, me incorporé de forma rápida – detente - grité y ella paró en seco, giró el rostro hacia mí - ¿si? – preguntó con desdén, sus ojos profundos reavivaron el calor dentro de mi estómago. La inexistencia de sentimientos o, como descubrí con posterioridad, lo aletargados que se encontraban, me convertían en una persona impetuosa e imprudente, inconsciente de que esa mujer llevaba las respuestas a las preguntas que dominaban mi existencia actual. En su sabiduría enrevesada como un árbol ancestral se encontraba todo el conocimiento que escapaba de mí. No puedo explicar el alcance de aquella mujer en mi organismo, si me encontrase vivo, podría estar casi seguro de que aquella presencia intimaba con los más recónditos puntos de mí mismo. Agonizó el aire y retorné al paro respiratorio de mi organismo. Acercó sutilmente aquel cuerpo de ensueño hasta estar a mi altura. Ligeramente y sin brusquedad dobló sus rodillas hasta estar a la misma altura en la que se encontraba mi pálido rostro – ¿realmente quieres saber la verdad? - preguntó casi en un susurro a escasos centímetros de mi cara – al menos tengo derecho a eso ahora que estoy muerto – me costó terminar la frase, a sabiendas de que era real, de que yo estaba muerto. Aquella mujer cargada de misterio, de sensualidad, me miró fijamente – sea pues tu deseo – y tocó mi mano. El tacto de aquellos dedos se me antojó caliente, aunque realmente las alargadas falanges estaban heladas. Acompañó a su roce liviano una brisa sutil que me obligó inconscientemente a cerrar los ojos. Al abrir los párpados la luminosidad del exterior turbó mi pensamiento. Estaba totalmente dispuesto a aceptar la muerte como hecho inexorable de mi nueva vida, a pesar de que era la única vida que recordaba, qué irónico resulta constatar que mi recuerdo de la vida era la muerte. Reposaban nuestros cuerpos en un parado verde, el mismo que miré desde la quinta planta de aquel edificio que ahora se alzaba a mi espalda, y sobre nosotros los brazos maternales de un hermoso manzano cargado de rojos frutos, como sus labios. Y ella en silencio, calmada y serena. Y yo tan idiotamente enamorado de aquella persona muerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si has aceptado que la vida ya no es como llegaste a conocer, ahora tendrás que abrir más tu mente a la verdad de por qué estás aquí – asentí quedamente porque no tenía más que hacer que responder a lo que dijera con celeridad y certeza - ¿Quién eres? – alcancé a preguntar, ella sonrió apesadumbrada por la llegada de todo aquel cúmulo de realidades que tendría que desvelarme a continuación – tengo muchos nombres, algunos los conoces ya, otros se pierden en el tiempo, estuve en el principio y cuando llegue el final, &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wl6ku6RMI/AAAAAAAAAGo/PedkwCjgJg0/s1600-h/arbol4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5443767737807160514" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 211px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wl6ku6RMI/AAAAAAAAAGo/PedkwCjgJg0/s320/arbol4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;estaré allí cortando el hilo que pasa por mis manos – mi cara desencajada tradujo a mi mística acompañante la claridad de los pensamientos que fluían en mi mente abarrotando mi cerebro lleno de pensamientos – me llamo Átropos, pero creo que me conocerás mejor como la Parca – y temblé, palidecí y dejé de respirar, si es que acaso había vuelto a hacerlo minutos antes. Ella seguía así, taciturna, a mi lado, la propia muerte que raptó mi cuerpo para traerlo a esta especie de purgatorio impío en el que me encontraba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-988989815920710686?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/988989815920710686/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/03/alquimia-capitulo-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/988989815920710686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/988989815920710686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/03/alquimia-capitulo-ii.html' title='Alquimia (Capitulo II)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wl6ku6RMI/AAAAAAAAAGo/PedkwCjgJg0/s72-c/arbol4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-138661139490641940.post-6399518140142310749</id><published>2010-03-01T11:17:00.000-08:00</published><updated>2010-03-01T11:26:07.447-08:00</updated><title type='text'>Alquimia (Capitulo I)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;Estas muerto cariño.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desperté sin sentir la pesadez que acompaña el largo sueño, miré a mi alrededor, aquella habitación vacía. Una brillante luz entraba a raudales a través de las vaporosas cortinas del dormitorio. Me levanté notando el suelo bajo mis pies. Como si no existiesen, mis extremidades estaban entumecidas, una sensación similar a un brazo dormido, a una pierna que lleva mucho tiempo sin ser regada por el vital efluvio de la sangre, pero esta sensación estaba extendida en todo mi ser, brazos, piernas, cara… Toqué con esos dedos inertes cada parte de mi y todo, absolutamente todo tenia la misma sensación al tacto. Quise no preocuparme. Siendo realista, no sentía preocupación alguna, ni tristeza ni melancolía, lo cual me resultó bastante extraño. Dejé de repasar mi fisionomía con la yema de mi dedo índice, que dibujaba el contorno de mis músculos. Terminé de incorporarme, extendí mis brazos estirándome hasta alcanzar la plenitud que mi flexibilidad me posibilitaba, esperé ansiosamente el doloroso cosquilleo que se produciría seguramente al comenzar a moverme, como consecuencia segura de la circulación sanguínea, que a fuerza de indicios descubrí postrado en cama durante una eternidad. No obstante aquel calambre no recorrió en ningún momento mi anatomía, y el movimiento no se acompañó de ninguna reacción dolorosa, tampoco agradable. Simplemente avanzaba sin mas sensación que el abotargamiento generalizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me desplacé fuera de aquella habitación luminosa. Fuera continuaba el monocromático edificio iluminado en su interior por blanquecinos tubos fluorescentes. Estaba totalmente deshabitado. Las puertas abiertas de todas las habitaciones dejaban constancia de que aquel lugar estaba desierto. Era un hospital, aquello quedaba patente por la situación de las camas, los aparatos destinados a medir las constantes vitales de unos huéspedes que no existían. Todos los monitores se encontraban apagados. No había más que silencio, o al menos eso era lo que yo percibía, silencio sepulcral. Reparé en mí mismo nuevamente. Estaba vestido con uno de esos incómodos batines anudados en la espalda. Revolví cada uno de los armarios de aquellos cubículos, hasta encontrar una ropa menos vergonzosa que cubriese mi blanquecina tez, acostumbrado como estaba a la exposición constante del sol de la playa, me parecía extraño verme tan pálido y mortecino. Entonces fue cuando me dirigía al primer cuarto de baño que encontré en mi camino. Me miré el rostro frente al espejo y mi sorpresa se dibujado en el lánguido rostro que estaba frente a mí. Los ojos violáceos me permitieron reconocerme a mí mismo, toqué con mis manos dormidas aquella cara desprovista de melanina, bordeé el contorno de mis pómulos y toqué mis labios que se encontraban tan acorchados como el resto de mi organismo. Abrí la boca intentando componer con mi voz algún sonido inteligible. Al principio sonó sólo un quejido, una especie de gruñido osco, como si mis cuerdas vocales fuesen una vieja máquina que comienza a funcionar después de lustros de abandono – Dios mío – al final salió apenas un susurro de mi garganta, un aullido quejumbroso. Con él, el oído que yacía desconectado del resto de mi organismo recobró el funcionamiento, y escuché el aire correr entre los pasillos, el zumbido de la electricidad haciéndose paso por el cableado de aquel habitáculo para llegar a las lámparas y producir luz – ¿Tanto tiempo muerto y sólo se te ocurre decir Dios mío? – la voz dulce detrás de mí me asustó, obligándome a girar brutalmente y estrellando mi espalda a la pared contigua al lavabo, sorpresivamente el entumecimiento de mi organismo me concedió la tranquilidad de no sentir dolor, era absurdo ser consciente de que el primer sentimiento que tenía desde que desperté era el sobresalto y el miedo que me produjo aquella voz que se me antojó dulce - ¿Qué? – me esforcé en articular para elevar el tono de voz un par de notas, pero volvió a ser simplemente un susurro. Estaba delante de mí, vestida con un ceñido vaquero azul y una camiseta blanca, su melena negra, ondulada y voluminosa enmarcaba un rostro macilento, casi tan pálido como el que reconocí propio en el reflejo del espejo. Sus ojos negros, sus rasgos perfectos, la nariz perfilada, los labios dibujados con pincel de fuego, que distorsionaban la blanquecina tez con ese rojo tan intenso – Estás muerto cariño, tú, yo y toda la gente que está en este maldito edificio, todos muertos – Esas palabras que en cualquier otro momento de mi vida habrían desatado una infinidad de emociones, me dejaba impertérrito. Despegué mi espalda de la pared, ordené mentalmente mis ideas e intenté encontrar una explicación lógica a aquellas palabras – este lugar está vacío – conseguí decir sin tanta dificultad, mis cuerdas vocales se antojaban fluidas con cada ejercicio de voz, ella sonrió dejando relucir aquellos hermosos dientes perfectos, se dio media vuelta, salió de la baño y de la inhóspita habitación, dejando tras de sí un vacío difícil de explicar. Masqué el sabor de la soledad y emprendí la carrera detrás de ella. Agradecí el no sentir más que una distante sensación de mis piernas, no existía en aquel largo pasillo, muestra alguna de vida. Giré a un lado y a otro mi cabeza reparando en una ventana abierta al fondo del corredor. Allí me dirigí hasta toparme con los raudales de luz del sol que entraban por ella, me asombré al no percibir calor alguno sobre mi piel, estaba convencido de que era mediodía pero aquel sol no calentaba, no me quemaba. Fue entonces cuando mi mente comenzaba a despertar millones de conexiones neurológicas &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wUH56vABI/AAAAAAAAAGg/CnXumVdpYp0/s1600-h/tunel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5443748175622897682" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 255px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wUH56vABI/AAAAAAAAAGg/CnXumVdpYp0/s320/tunel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;atontadas por el letargo. Hasta este momento, ni el frío, ni el calor, ni la sed ni el cansancio dieron señales de su presencia en mi humanidad, ¿y si era verdad? ¿Y si estaba muerto? – No puede ser – alcancé a decir mirando tras aquel ventanal blanco el extenso jardín que se alzaba delante de mí. Allí estaba ella, inexplicablemente mi extraña visitante se encontraba fuera de aquel edificio, mirándome fijamente. Con cara divertida saludaba junto a un manzano cargado de rojos frutos, ¿cómo podía ser aquello cierto? Me dirigí entonces escaleras abajo a toda velocidad para encontrar las respuestas a tantas preguntas que azotaban mi mente y que aquella extraña mujer tendría que responder.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/138661139490641940-6399518140142310749?l=neomar-bethencort.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/feeds/6399518140142310749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/03/alquimia-capitulo-i.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/6399518140142310749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/138661139490641940/posts/default/6399518140142310749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://neomar-bethencort.blogspot.com/2010/03/alquimia-capitulo-i.html' title='Alquimia (Capitulo I)'/><author><name>Neomar Bethencort</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12768996267268097912</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='21' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S9xTcNkuKoI/AAAAAAAAAHQ/JmdNf3WaljA/S220/Neo_Mayo_2010.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_X0GxNJQcZxo/S4wUH56vABI/AAAAAAAAAGg/CnXumVdpYp0/s72-c/tunel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
